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Una palabra tan complicada y a la vez tan simple

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El amor… El amor… ¿Qué sabemos sobre el amor? Primero que nada, que Dios es amor. Él es la esencia del amor. Repasemos el versículo por excelencia sobre el amor en 1 Corintios 13:4-8:

4 El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece;

5 no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor;

6 no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad.

7 Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.

8 El amor nunca deja de ser; pero las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará.

Es interesante ver que en cada una de las afirmaciones hay un verbo implicado: ser, tener, irritar, guardar, gozar, sufrir, creer, esperar, soportar.

Verbos implican acciones y acciones implican decisiones, así que el amor es una decisión. Amar es una decisión que tienes que tomar.

Los sentimientos bonitos son muy agradables y a todos nos gusta sentirlos, pero el amor no es uno de ellos. El amor no es un sentimiento, el amor produce sentimientos.

Puedes sentir afecto por una persona y no amarla. Puedes amar a una persona y no sentir afecto por ella. Un ejemplo: imagina a un padre o una madre con problemas de alcohol o drogadicción que no se ocupa de sus hijos. Seguramente como padre un afecto tiene que haber, pero al no ocuparse de los hijos, al no decidir cambiar, al no tomar acciones para el cuidado y la protección de los niños, es evidente que no hay amor.

En un caso contrario podríamos imaginar a una persona de tu iglesia con la que no estás de acuerdo (vamos, no me digas que no te pasa eso), puede que no te simpatice mucho la situación y puede que tampoco lo haga la persona misma, porque es una realidad, no le puedes agradar a todo el mundo y puede que a ti no te agrade todo el mundo. Esta persona es tu hermana en Cristo, es tu prójimo y por lo tanto tienes que amarla. Por eso la respetas y le estimas como superior (Filipenses 2:3: “Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo”). Por eso, cuando tú decides no hacer nada por contienda y estimar con humildad a esta persona como superior a pesar de no estar de acuerdo con ella, le estas amando.

Si será importante el tema del amor que está en el podio de los mandamientos. Amar a Dios, amar al prójimo.

Ahora que sabemos que el amor no es un sentimiento, sino una decisión, podría hablar días sobre este tema, así que lo haré 🙂

En las próximas semanas te voy a compartir lo que he aprendido sobre el amor propio, el amor hacia el otro, el amor que nos dan (o no) y el más importante para el final: el amor de Dios.

Si te ha gustado mi opinión, si quieres darme tu punto de vista, si te puedo ayudar en algo o si simplemente necesitas hablar, no dudes en escribirme a alexandrarolfo@gestionid.com


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