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¡No lo digas!

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Proverbios 13:3

El que guarda su boca guarda su alma; Mas el que mucho abre sus labios tendrá calamidad.”

Si no te has metido en problemas por algo que has dicho, si no has herido a alguien con tus palabras o viceversa, te preguntaría de qué planeta vienes y te daría la bienvenida a la Tierra.

La verdad es que todo lo que sale de la boca tiene consecuencias.

Te cuento un secreto, tengo una colección de frases personales. Una de ellas es “No vivas en consecuencia, crea tus consecuencias”.

No es ninguna novedad que las palabras tienen un poder impresionante y si quieres crear buenas consecuencias, será mejor que empieces a elegir bien tus palabras.

Para ello, debes saber que tus palabras son tan importantes como tu silencio. La clave es saber cuándo hablar y cuándo callar, porque cada cosa tiene su tiempo.

Con los años he aprendido que es mejor perder la oportunidad de decir algo que decirlo y no poder echarte atrás. Ese es el mayor problema de las palabras, una vez que salen de tu boca, nunca podrán volver a entrar.

Definitivamente la lengua es un arma de doble filo. Las palabras pueden animar a una persona o hundirla para siempre. Pero eso: eso ya lo sabes. Te contaré algo que me pasó hace poco para que lo veas desde un punto de vista que tal vez no habías notado y entenderás por qué la nota de hoy se llama “no lo digas”.

Digamos que soy una persona “especial” y tengo una personalidad un poco fuera de lo común. Ya sabes que cuando alguien se sale un poco del molde suele ser criticada. Realmente eso no me resulta un problema. Después de años de preguntarle a Dios por qué había personas que intentaban cambiarme diciéndome que yo no estaba bien, Él me contestó que yo era diferente porque Él me necesitaba así de acuerdo con el llamado que me dio y al propósito que tenía para mi vida (eso fue un alivio, me la pasaba llorando porque pensaba que Dios no me quería cambiar).

En algunos de estos confrontamientos que tenía con algunas personas me topé con una que me dijo “es que nadie te entiende, tenemos a una persona que ha intentado tratar contigo que entiende a todo el mundo, con todo el mundo se lleva bien, pero a ti no te entiende” y enfatizó: “ERES LA UNICA PERSONA A LA QUE NO ENTIENDE”.

Para mi estaba claro el mensaje que realmente quería darme y era el de “nadie te quiere” porque incluso dentro de la misma conversación me pidió que le nombrara personas con las que yo “me llevara bien” como para demostrar que no había ninguna. ¿Crees que esta es una mala persona? Déjame decirte que no lo es.

Me encantaría decirte que fui yo la que se equivocó y que ésta fuera una historia de arrepentimiento en lugar de perdón, pero estas historias también enseñan. No aprendí una lección por experiencia propia, sino que la aprendí por experiencia ajena y aun así cuenta. Aprendí lo que NO tengo que hacer.

Como muchas personas solemos hacer, nos dejamos llevar por nuestras convicciones sin considerar que los demás tienen al mismo Dios que nosotros (si hablamos de casos dentro de la iglesia) y ese mismo Dios habla también con ellos, y el mismo Espíritu Santo que mora en nosotros y nos convence de pecado, también lo hace con ellos.

Una vez quise cometer ese mismo error y Dios me dio esta palabra:

Salmos 25:8 (RVR1960)

“Bueno y recto es Jehová; Por tanto, él enseñará a los pecadores el camino.”

Literalmente Dios me estaba diciendo “no lo digas”.

La moraleja de todo esto es que todo te es lícito, pero no todo te conviene. Puedes decir lo que quieras, pero debes saber que puedes herir a alguien y eso no es lo que Dios quiere.

Piénsalo bien antes de decirlo o mejor… ¡no lo digas!

Si te ha gustado mi opinión, si quieres darme tu punto de vista, si te puedo ayudar en algo o si simplemente necesitas hablar, no dudes en escribirme a alexandrarolfo@gestionid.com


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