web analytics

Mi familia, ¿Un caos o un oasis? II Parte – Paraguas Rotos

Comparte la noticia

“Los lazos afectivos en la pareja, es el paraguas que protege al niño del frio emocional” (Karla Mayorga)

Cuando cursaba el cuarto año de secundaria, mis compañeros de colegio, me eligieron como representante de la clase; ahí tuve la oportunidad de conocer sus vivencias, sus circunstancias familiares, y las heridas emocionales que en muchos de ellos, sangraban dentro. Empatice profundamente, porque mi paraguas, también se había roto.

Desde esas tempranas experiencias de servicio y liderazgo, en el colegio, como en la iglesia; tome la firme decisión de estudiar la carrera de Psicología en la universidad; quería entender que había pasado con mi familia, ¿Por qué se rompió? Me preguntaba; y por otro lado, me propuse trabajar con las familias, y sobre todo con los pilares de la familia, que es la pareja; a fin de aportar mi granito de arena, en este mundo movedizo de relaciones rotas y disfuncionales. Veinte años después, sigo enamorada de mi trabajo, y confieso que es muy satisfactorio ver la restauración de familias y relaciones de pareja (con sus excepciones por supuesto) que parecían paraguas rotos, sin posibilidad de proteger a los hijos de las impetuosas lluvias emocionales. Con la ayuda de Dios, y disposición de la familia, ¡hay esperanza!

LA FAMILIA DESDE LA ÓPTICA DE DIOS

En el libro de génesis, podemos apreciar, el origen de la familia, y el diseño de Dios para la misma. Puedo imaginar a Dios, sonriendo al decir ¡multiplicaos y llenad la tierra! (Gn. 1:27-28) ¿Vosotros pensáis, que al decir eso, su plan era que las familias se separaran, se mantuvieran en caos, o los hijos llegasen al mundo a sufrir? La respuesta es “No”.

Por supuesto que en el corazón de Dios estaba que los padres, amaran y cuidaran a sus hijos, que el matrimonio se mantuviera unido y en armonía; a fin de poder sostener la vida espiritual y emocional de sus hijos, pues son una herencia de Dios. (Salmo 127:3). Por tanto, ¿cómo iba querer Dios que se descuidara esa herencia maravillosa otorgada a los padres?

Desafortunadamente, ese plan hermoso de Dios para la familia, el propio ser humano lo sustituyó por lo que creímos que era mejor para nosotros; y las consecuencias de esa falta de obediencia, han sido desastrosas. Familias desestructuradas, disfuncionales, abortos, maltrato infantil, abuso sexual, abandono afectivo, rechazo, infidelidad, y muchas acciones más, que destruyen y laceran la vida de los integrantes del núcleo familiar.

Aunque seguiré creyendo que Dios restaura corazones rotos, y sana a la familia. No todo está perdido

LA PAREJA COMO PILAR FUNDAMENTAL

Como mencione antes, una de mis pasiones es trabajar en la terapia o consejería, de matrimonio y parejas; ya que, si estos pilares no están cimentados, la casa puede caerle encima a los hijos. Si la relación está mal en el matrimonio, la relación en la familia también está mal.

Imaginemos una pareja que, en lugar de reconocerse mutuamente lo bueno de cada uno, felicitarse, perdonar los fallos, o ser compasivos el uno con el otro, se critica todo el tiempo, nada está bien para él o ella, los mensajes que se trasmiten son la mayor parte negativos; además se faltan el respeto al gritarse, burlarse del otro, serle infiel, o mantener una actitud defensiva; y entre otras cosas, mantienen una lucha de poder constantemente, ninguno cede, luchan por tener la razón, y no sueltan el control.        

En un escenario como este, el ambiente es hostil, de peleas constantes, y posiblemente de ignorarse el uno al otro. Por tanto, el cuidado y el afecto que los niños necesitan es casi nulo, ¡pues los pilares están vacíos! ¿Cómo se puede dar algo que no se tiene?

ALGUNAS HERIDAS EMOCIONALES EN LA INFANCIA

Las heridas causadas en la infancia pueden incrustarse en la vida del niño, manifestarse en la adolescencia, y obstaculizar el buen desarrollo de una vida adulta satisfactoria. Si no se curan a tiempo, se infectan, y el mal olor sale por los poros emocionales, a través de nuestro comportamiento ofensivo, defensivo, inclinación  hacia las adicciones, relaciones tóxicas; se nota en las actitudes, en la inestabilidad relacional, ansiedad, tendencia a la depresión, o miedos paralizantes; entre otros muchos.

Algunas de estas heridas:

  • El temor al abandono. La carencia de nutrientes emocionales y reforzamiento de la estima en el niño, se ve reflejada en la vida adulta, por el miedo a estar solo/a, a ser abandonado, al extremo de someterse a comportamientos de la pareja, que atentan contra la misma dignidad como persona. Tal es el caso de relaciones de maltrato físico, psicológico y emocional, infidelidad, faltas de respeto…
  • El temor al rechazo. Aquí podemos destacar el rechazo explícito e implícito.

    a) El explícito, hace referencia a expresiones que causan dolor en el menor, tales como: Mejor no hubieras nacido, tú no fuiste un niño deseado, esperábamos a una niña y llegaste tú, desearía que fueras como tu hermanito, que es inteligente y aplicado…eres tonto, torpe, así nadie te va a querer…

    b) El implícito, es el que no se expresa, pero se siente. El niño carece de caricias, palabras de reforzamiento,  no hay tiempo para estar o jugar con él, jamás se le pregunta al niño que siente, o quizás, hay silencios prolongados o miradas que paralizan al niño por miedo a ser castigado. (Con la mirada, ya sabe lo que quiero decirle, alardean algunos padres).

    Sin duda, esta herida de rechazo, puede llegar a causar serios problemas en las relaciones del adulto. Puede que tenga temor a establecer vínculos, por miedo a ser rechazado, o rechaza, antes que se lo hagan a él. Cualquier cosa que se le diga, puede mal interpretarlo, o no sentirse aceptado en el grupo o la pareja, porque sufre el dolor de la herida…llamada Rechazo.
  • La herida de la injusticia. Niños que crecieron en hogares con vínculos violentos, de maltrato, padres demandantes, autoritarios y dictatoriales; que no respetaron el derecho del niño o adolescentea ser amados, cuidados, protegidos, a ser escuchados y atendidos  en sus necesidades.

    Aquí mando yo y nadie tiene derecho a decir lo contario… ¿lo habéis escuchado alguna vez? .Estos niños crecen con la idea de que el mundo es injusto, la vida es injusta, Dios es injusto, sentimiento de inutilidad, o se refugian en adicciones, o grupos no sanos.

¿QUE HAGO?  ¡QUIERO A MI FAMILIA BIEN!  UTILIZA LA TÉCNICA “TRIPLE A”.

  • Ama a Dios. Ponle en primer lugar en tu vida, agradece por tanto amor y misericordia para ti y tu familia. Reconócelo en todos tus caminos, y El enderezara tus travesías, tus caminos, tu familia.
  • Ámate. Cuando aprendes amarte a ti mismo/a, aprendes amar y cuidar a los que más te importan. Tú esposa, esposo, hijos, padres…prójimo.
  • Ámales. El amor cura las heridas más profundas del corazón. ¡Una persona que se siente amada, cuidada, aceptada, escuchada, respetada!, dará lo mejor de sí misma a ti y a los demás. Abrázales, demuestra afecto, pasa tiempo con tu familia, priorízales en todo, interésate por sus proyectos, sus sueños, y mantén una fluida comunicación.

(El amor es reparador, hasta en los casos que a vista humana son imposibles. 1 Corintios 13:4-8)

Karla Mayorga

Psicologo Familiar y de Pareja


Comparte la noticia

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *