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El matacarnes

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He estado un tiempo fuera, lo sé. He querido volver a escribir pero mi ánimo, mis luchas y mi mente no me lo permitían. Ya sabes, cuando necesitas parar, necesitas parar aunque debo reconocer que lo extrañaba.
He vivido situaciones en las que cualquier persona pensaría «no puedes estar mal por esto». Es aquí cuando entiendo el verdadero concepto de «la paz que sobrepasa todo entendimiento» (Filipenses 4:7) Las personas no entenderían por qué he estado tan mal y yo he aprendido a empatizar con aquellos que sufren en silencio por cosas que pensaríamos que no son importantes, pues lo son para ellos.

Matando la carne

Una de las cosas que he aprendido es que podemos aprovechar todas las pruebas para matar la carne pues son excelentes aliadas para que Dios pueda transformarnos.
Hace poco le dije a un amigo «es que Dios a mí no me desarmó para armarme de nuevo, Él me derritió por completo» y diría que casi al punto de evaporarme. Ahora nos las tendremos que arreglar con Dios para reconstruirme poco a poco de cero. Realmente ese es el procedimiento del alfarero.
Pero el alfarero usa el mismo material para rehacer la vasija entonces en el proceso es realmente importante no perder nuestra esencia, porque Dios nos hizo diferentes a todos con un propósito: alcanzar a diferentes personas.
¿Qué quiero decir con esto? He sabido de personas (y también lo he vivido) que luego de pasar por una gran prueba pierden cosas que les caracterizaban y el hecho de que Dios esté preparándonos para propósitos más grandes no quiere decir que debas transformar también las cosas buenas.

¿Quién es ésta?

He llegado al punto de no reconocerme a mí misma por no poder reaccionar de la forma que lo hacía anteriormente ante una situación. Recuerdo que siempre fui de hacer bromas, de reírme, de proponer locuras, de organizar pequeños eventos para mimar a alguien… Pero he llegado a sentirme incómoda en estas situaciones, no saber cómo enfrentarlas y tener mucha, pero mucha ansiedad hasta sudar y temblar. Creo que dejé que el matacarnes machacara una parte de mí que no debía porque simplemente me rendí.
Hasta ahora no había entendido el famoso versículo «Sobre toda cosa que guardes, guarda tu corazón, porque de él mana la vida» Proverbios 4:23 (RVR95) porque pensaba que si el corazón era engañoso, ¿por qué había que cuidarlo? Pues ahora lo entiendo.
Las pruebas nos sirven para matar la carne pero en ese proceso debemos guardar nuestro corazón, nuestras emociones, nuestros sentimientos y todas aquellas cosas buenas que nos caracterizan porque ellas nos dan vida.

Volver a empezar

No es imposible salir de esta matanza. Realmente necesitamos fortalecernos en Dios y volver poco a poco a aquellas cosas que nos hacían sentir tan bien aunque al principio se sienta un poco raro. Yo estoy en la mitad del proceso, ya no tengo taquicardia, no sudo ni tiemblo y sé que aun me falta un poco más pero hemos empezado, con Dios, el proceso de creación de la persona necesaria para alcanzar a un grupo de personas muy especial para Cristo. Esa persona es la nueva yo. Esas personas son el grupo al que yo puedo influenciar.
Así que te animo aprender de mi experiencia si no estás o has pasado por ella y en caso contrario, si estás pasando por lo mimo que yo, a que puedas dar el primer paso de rendir todo control a Dios y empezar poco a poco a volver a esos tesoros que Él mismo puso en tu corazón para ahora más que nunca valorarlos, guardaros y protegerlos.
No te rindas. Te lo prometo: tú puedes


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