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El amor que recibimos del otro

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Seguimos en el descubrimiento de lo que es el amor desde sus diferentes puntos de vista. Hemos visto el amor propio y el amor hacia el otro, es decir, el amor que damos, pero ¿qué hay sobre el amor que nos dan los demás?

Marcos 12:31 dice: “Y el segundo (mandamiento) es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que éstos.”

Esto quiere decir que, si vas a amar a alguien, esa persona tiene que recibir ese amor. Si has leído mi artículo anterior sabrás que amor implica perdón y trabajo, es decir bendición. Entendimos que tienes que estar dispuesto a perdonar a los demás y a ti mismo y a pedir perdón. Pero en este caso vamos a hablar del trabajo, de bendecir y más que nada ser bendecidos.

Lo primero y más importante que debemos saber es que todos hablamos lenguajes diferentes del amor. ¿Has leído “Los cinco lenguajes del amor” de Gary Chapman? Si no lo has hecho realmente te lo recomiendo porque creo firmemente que este es uno de los libros que todas las personas (en especial los cristianos) deberían leer. A mi me lo regaló mi esposo cuando nos pusimos de novios. Él me dijo que era muy importante para él que lo leyera así que lo hice. Fue realmente un pilar para mi relación dado que yo crecí con muchas carencias respecto al amor.

Hay dos tipos de personas: las que te aman y las que no.

Si alguien te ama querrá demostrártelo a través de alguno de los cinco lenguajes del amor, dependiendo de lo que esta persona entienda por amor. Probablemente también quiera bendecirte. Tienes que entender que no todas las personas entienden el amor de la forma que tú lo haces. Para algunas personas el enviar un mensaje de texto es una demostración de amor, aunque otras puedan llegar a pensar que no fue capaz de llamar o incluso que si no te va a visitar directamente no le importas. Cuando se trata de el amor que uno recibe todo es sobre percepción. Te doy un ejemplo. Mi lenguaje principal es toque físico sin embargo en mi familia jamás hubo abrazos. Por otro lado, la forma que tenían mis padres de demostrarme su amor era con actos de servicio. No era que ellos no me amaran, era que estábamos hablando idiomas diferentes.

Jesús tenía muchos discípulos y seguidores, todos eran muy diferentes entre sí. Pero compartían algo en común, amaban a Jesús. El Hijo de Dios recibía amor de diferentes tipos de personas y Él aceptaba ese amor, mira por ejemplo el caso de la mujer que con sus lágrimas enjugó Sus pies, esa es una forma diferente de demostrar amor. ¿Cómo es que todas estas personas amaban a Jesús si algunas apenas le conocían? Porque sus pecados habían sido perdonados y al que más se le perdona más ama. Y volvemos a hablar de perdón.

¿Qué pasa con aquellos que no te aman? No estoy hablando de enemigos o calumniadores. Estoy hablando de esas personas que no te aman pero que tú si amas o de esas personas que se supone que “deberían” amarte. Te diré algo que me costó años aprender y fue uno de los aprendizajes más duros de toda mi vida: no puedes obligar a nadie a que te ame. Cuando era niña uno de mis mayores deseos era que mi padre biológico me viniera a ver más que sólo una vez al año o que al menos me llamara más seguido. Eso nunca pasaba. De hecho, me terminaba enterando que había estado por la zona, pero aún así no iba a vernos a mi y a mis hermanos. Eso rompía mi corazón. Con el paso de los años entendí que era su decisión y no mía. Con el tiempo entendí que era él el que se estaba perdiendo del privilegio de ser mi padre.

Entonces, si te encuentras en la situación donde hay personas a tu alrededor que te estiman, pero de las que tú esperas más, créeme, no es que no te amen, es que su forma de demostrar su amor es diferente a la tuya. Acepta ese amor porque probablemente no tengan claro como amarte, con el tiempo, aprenderán el uno del otro.

Oro para que puedas soltar a aquellas personas que, aunque para ti son importantes ellas no piensan lo mismo de ti. Oro para que Dios sane cada herida de tu corazón. Oro para que encuentres, al igual que yo, el verdadero amor, sin condición, el amor ágape.

Si te ha gustado mi opinión, si quieres darme tu punto de vista, si te puedo ayudar en algo o si simplemente necesitas hablar, no dudes en escribirme a alexandrarolfo@gestionid.com


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