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El amor propio

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Cuando era niña tenía una mejor amiga que conservé a través de mi adolescencia, aunque no nos veíamos muy seguido. Ella tenía una vida “normal”, era de clase media, iba a colegio pago, usaba la ropa que estuviera de moda, le compraban cosas que quería. Todo eso estaba muy lejos de mi realidad. A esta amiga su madre le enseñó que siempre tenía que estar impecable y que el pelo y los zapatos eran lo más importante de su imagen. Eso me lo dijo ella misma cuando vio un agujero en la parte del dedo pulgar de mi zapato dado que yo estaba creciendo y no había para comprar otros. Aunque me haya sentido avergonzada y parezca triste, me divierte mucho esta anécdota. ¡Vaya momento eliges para decir eso! Justo antes de salir para un evento importantísimo de la iglesia y cuando realmente no tenía opciones. La verdad es que intentaba ayudarme, seguramente mi situación le daba lastima y ella me quería.

¿Por qué te cuento esta historia? Quiero enseñarte la diferencia entre el amor propio y el valor propio. Por un lado, tenía una amiga a la que le daba lástima mi situación y lo que intentaba hacer era ayudarme porque me quería. Por otro lado, ella tenía muchas actitudes en las que siempre marcaba la diferencia de clase social que había entre nosotras. Una especie de “te ayudo para que los demás vean que te estoy ayudando”. Estas personas necesitan “ganarse” el amor de los demás. No tienen malas intenciones. Simplemente buscan la aprobación de todos.

Mucho le había enseñado la madre de esta chica a cerca del valor propio. En este caso, lo expresaba mayormente de forma física, con formas de vestir, maquillaje, accesorios. Como dice el slogan de una marca reconocida: “porque tú lo vales”. También le enseñaron sobre el valor propio como persona, algo que no hicieron conmigo, pero gracias a Dios, esta amiga me enseño mucho sobre este tema. No con el ejemplo, pero sus palabras se quedaban guardadas en mi corazón y yo simplemente las ponía en práctica. Lo que no le enseñaron a mi amiga fue sobre el amor propio.

Lo importante del valor propio es saber que lo tienes ya sea para tu familia, para tu cónyuge, en la iglesia, en el trabajo. Este valor se aplica en ámbitos de relacionamiento. Si tú sabes el valor que tienes, si sabes lo que vales debes aspirar a que se te trate de forma proporcional con tu valor. Aquí es donde entra el amor propio. Tú puedes saber tu valor y no tener amor propio.

¿Por qué la línea es tan delgada? Se suele confundir amor propio con orgullo. Sin embargo, tenemos en Marcos 12:31 el segundo mandamiento que es “Ama a tu prójimo como a ti mismo”. Dicho literalmente por Jesús, amar a Dios en primer lugar y amar a tu prójimo como a ti mismo son los mandamientos más importantes.

¿Cómo puedes amar a tu prójimo si no te amas a ti primero? Realmente es una de las áreas más importantes en el cristianismo. La clave es La Gracia y es algo en lo que Dios sigue trabajando mucho en mi vida. Si te ha pasado de querer ganarte absolutamente todo lo que quieres, bienvenido a mi vida. Pero piensa en esto: Dios es bueno. Todo lo que tenemos, lo que somos, es por amor. No merecemos nada, nada podemos ganar. Es Dios que en su infinito amor y misericordia nos colma de bendiciones. Él nos perdona y nos hace aceptos.

La Gracia es la clave para todo. Ese mismo amor que Dios nos da, nos enamora. Con él podemos amarnos a nosotros mismos y así amar a nuestro prójimo.

Además, si Dios te ama tanto, ¿No crees que tú deberías hacer lo mismo?

Recuerda que amar es una decisión, no un sentimiento. Así que decide hoy amarte a ti mismo diciendo “no”, cuando tengas que decirlo y “sí”, cuando corresponda.

Si te ha gustado mi opinión, si quieres darme tu punto de vista, si te puedo ayudar en algo o si simplemente necesitas hablar, no dudes en escribirme a alexandrarolfo@gestionid.com


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