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Corazón de hojalata

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“El principio más profundo del carácter humano, es el anhelo de ser apreciado”

William James

Estoy segura que en más de una ocasión, hemos escuchado hablar, o quizás, hemos leído la historia del hombre de hojalata.

Este joven leñador, muy apuesto, que se enamoró de una linda chica, y se proyectaba casarse con ella. La muchacha, le puso como condición, que le demostrara de qué forma sustentaría el hogar; a lo que el accedió, yéndose al bosque a talar todos los árboles que pudiera, para ganarse el amor de su amada.

Poco a poco, el apuesto leñador, en aras de agradar a su prometida, trabajaba hasta el cansancio; y fue perdiendo su esencia maravillosa, al grado de oxidar su corazón, y convertirlo en un metal , inerte, frio, vacío y solitario.

¡Es verdad…solo es un cuento…!

Sin embargo, mi querido lector, aunque el hombre de hojalata queda reducido a un popular     cuento; también es verdad, que tiene una considerable semejanza con la realidad, que a muchos, nos ha tocado vivir. De algún modo, desfilamos por la pasarela de la vida, intentando mostrar una cierta autonomía y desapego, como si no necesitáramos de nadie; o por el contrario, nos afanamos por tener la aprobación y aceptación de todos a cualquier precio, nos cuesta decir NO, por temor a ser rechazados, soportamos lo insufrible por miedo al abandono, o nos apegamos a personas o cosas, aunque, eso implique echar anclas en el dolor emocional. Y es que, muy probablemente, nos faltaron esos nutrientes emocionales en la infancia, los abrazos o caricias que no tuvimos, un te quiero que no escuchamos, o quizás, el reconocimiento que no nos dieron

El ser humano, como bien decía William James, tiene la necesidad de ser apreciado y reconocido en su esencia del SER; no porque poseas bienes materiales, una pared llena de títulos, o seas el más habilidoso y destacado del grupo; si no, simplemente por ser yo, por ser tú, por ser lo que somos; seres humanos imperfectos y maravillosos.

NUTRIENTES EMOCIONALES

Los vínculos afectivos, fundamentados sobre la base de un apego seguro, crean en nuestra conciencia, una  gama de sonidos afables, armónicos y agradables; generando un sentido de bienestar y estabilidad en el individuo.

Cuando estos vínculos, han sido nutridos y reafirmados durante la infancia, el niño, a medida que va creciendo, es capaz de ir desarrollando una sana estima de sí mismo, entablar relaciones saludables en su entorno social, familiar o laboral; así como un alto sentido de respeto hacia él/ella, y hacia los demás.

De adulto, puede llegar a establecer una relación de pareja sana, y ejercer una paternidad o maternidad de forma responsable en todos los niveles; tanto en el ámbito de protección física, económica, y afectiva-emocional, que el niño/a necesita.   

 Pero ¿cuál es esa alimentación emocional, que el niño necesita para nutrir su estima, y llegar a ser un adulto saludable?

El sustento emocional o afectivo, es a nuestro ser, como las proteínas, energéticos y minerales,  son a nuestro cuerpo.

El amor, la aceptación, el respeto, las caricias, las palabras de reafirmación, o el reconocimiento; son los principales nutrientes afectivos, que el niño/a necesita para crecer sano emocionalmente. Dicho alimento emocional, es la base de una autoestima saludable, de la autovaloración, así como la conciencia de quienes somos, para aceptarnos incondicionalmente con nuestras luces y sombras.

EL CASO DE LINA.

Lina es actualmente una mujer de unos 52 años aproximadamente, casada y con tres hijos estupendos. Creció en un hogar disfuncional, donde jamás escucho una palabra bonita que le reafirmara; de niña, solía jugar sola en el patio de la casa, con su gato pimpón, el cual era su única compañía, y a su vez refugio. Cuando su padre le decía que era una tonta, que no serviría para nada, y que hubiese sido mejor que no naciera. Su madre, una mujer callada y sufrida, por los malos tratos que constantemente le proporcionaba su esposo, apenas tenía fuerzas para hacerles la comida y ayudarles en el arreglo para ir al colegio, o los quehaceres del día a día. Narra con tristeza, las carencias afectivas que tuvo en su infancia; no recuerda haber recibido un abrazo de su padre, o una caricia de su madre, un consejo para el día de mañana, o un gesto de aceptación. Se sentía rechazada, en casa, en la escuela y en todos los entornos donde se relacionaba.

Con el tiempo, Lina, empezó a sentir fastidio de esa sensación de patito feo, de  ser rechazada por todos, o de sentirse sola. Por lo que algo empezó a cambiar en ella, y, se comportaba cada vez más distante, rechazaba a todos, hablaba mal de todos, y se mentalizo que saldría adelante sola, que no necesitaba a nadie; al fin, ni mis padres estuvieron cuando los necesite, insistía en consolarse. Desarrollo una falsa independencia (porque sufría sintiéndose sola); y eso, le costó su primer matrimonio, ya que el mismo comportamiento de rechazo a los demás, era el mismo que daba en casa; para no sufrir, comenta. El caparazón que llevaba puesto, tenía varias capas que impedían dar o recibir cualquier tipo de afecto. Como el hombre de hojalata.

Sus carencias afectivas en la infancia, le pasaron la factura por mucho tiempo. Perdió un buen trabajo, ya que detestaba la autoridad, su primer esposo le pidió el divorcio, pues consideraba que estaba con una mujer que no era capaz de sentir nada, en vista de su comportamiento frio y distante con él y sus hijos, le costaba conectar con amistades verdaderas, solo sentía un enorme vacío emocional.

Afortunadamente, Lina pudo ser consciente de que algo iba mal en ella, y busco ayuda para crecer y lograr su autenticidad como persona, perder el miedo al rechazo, a amar, a entregarse, arriesgarse…en fin, reconstruir su estima y aprender a proporcionarse ese amor que le falto en su niñez; a darse ese cuido y afecto que sus padres le negaron, (independientemente de las razones que hayan tenido para hacerlo).

¡Hoy Lina es una mujer mujer felizmente casada, y orgullosa de sus tres hijos!

 ADICCIONES. Un abrigo lleno de pinchos

Hay quienes intentan satisfacer su vacío emocional, con  diversas adicciones tales como: la pornografía, internet, drogas, sexo, apuestas, o relación de apego insano en la pareja, televisión,  entre otras. 

Las adicciones a cualquier tipo de objeto, cosa o sujeto, son perjudiciales para la salud del individuo, ya que, representa un desgaste físico y un deterioro emocional significativo.

 ADICCION A TI

Sin ti no puedo vivir, mi vida no vale nada si no estás tú, solo cuando estoy contigo soy feliz, no me dejes nunca, muero si no estás…

Son frases novelescas, “románticas” y hasta tienen la connotación de amar perdidamente a alguien. Pero, ¿qué hay detrás de estas palabras intensas, expresada por los novios, o parejas en momentos plenos de la relación?

A simple vista, pueden parecer frases inocentes, muy bonitas y románticas; sin embargo, también es cierto que, puede saltar la alarma de un apego inseguro, miedo a la soledad, a no poder disfrutar de la compañía de sí mismo, y en definitiva,  a depender de otro emocionalmente “para estar bien”.

HAMBRE EMOCIONAL.

La correlación entre emociones y alimentación, puede tornarse compleja: un estado de ánimo, puede ser capaz de influir en la conducta alimentaria, y a su vez la alimentación puede modificar las emociones y estados de ánimo (Gibson, 2006)

Esta claro que existen diversas formas en las que una persona con hambre afectivo-emocional, intenta llenar su vacío existencial, su falta de propósito en la vida o su necesidad de ser amado/a.

La falta de amor y aceptación en los primeros años de vida del niño/a, pueden inducir al individuo, a saciar su escasez afectiva, con la comida, o cosas, adicciones, e incluso, apegarse a relaciones destructivas, cuyo rumbo es la dependencia emocional y el deterioro aun mayor de la estima propia; o por el contrario, una falsa independencia, y desapego de todo, como nuestra amiga Lina.

En el ámbito de las relaciones, ya sea de pareja, los padres, amigos e hijos, las personas carentes de amor propio, pueden llegar a saturar tanto dicha relación, con frecuentes demandas y exigencias de atención, de tiempo, o demostraciones de afecto; una necesidad excesiva de sentirse queridos y aprobados, en una búsqueda incesante de esa cosecha que jamás se sembró.

 Algunos estudios experimentales, asocian las emociones negativas como la desesperación, el arrebato, el miedo o la ansiedad, con una sobrealimentación, donde el individuo intenta mitigar su dolor emocional con la comida. Visiblemente, cuando comemos por emociones, buscamos en la comida aquello que no podemos resolver de otra manera.

Los atracones. ¿Hambre o Ansiedad?

  •  Te domina el impulso o necesidad de saciarte, mientras estás comiendo
  •  Después de comer, sientes mucha culpa o congoja por no haber parado
  •  Optas por la comida grasienta, como fritos, comida precocinada, bollería industrial, refrescos  que contienen cantidad de azúcar considerable, o dulces, etc.
  •  No te permites triturar la comida, por la rapidez con la que comes
  • Comes hasta sentir una desagradable sensación de exceso.
  •  Eliges comer solo, para que nadie te juzgue por  tu forma de hacerlo.

Si te identificas con la mayoría de estas cuestiones, muy posiblemente, estas ante un estado ansioso, de estrés, o intentando saciar tu hambre emocional. Por lo que sería muy conveniente que:

  • Revisa de forma intencional, en qué estado emocional te encuentras. Triste, vacío, sentimiento de soledad, ansioso, con miedos, alegre, optimista, esperanzado, etc.
    • Identificar la conducta que estas asociando a dicho estado emocional. Comes con más frecuencia y en mayor cantidad, notas que te apegas más de lo debido a la televisión, evitas salir de casa en lo máximo, te aíslas de las personas que te quieren, estas apegado/a a una relación que está destruyendo tu valía, pero te quedas ahí sin poder hacer nada; o quizás, exiges constantementre afecto a tu pareja, tus hijos, o te sientes resentido con tus padres porque no te amaron como tú necesitabas.
    • Una vez que has identificado tu estado emocional, y tu forma de comportarte en dicho estado; te sugiero que puedas hablar del tema con una persona de tu plena confianza, o busques la ayuda de un especialista para aprender a gestionar esos estados emocionales, y llegar a la raíz del problema. (¿Qué te paso en la infancia, adolescencia, o que te está sucediendo ahora para que te sientas así?, ¿Cuáles son las heridas, que aun debes sanar; quizás de rechazo, de falta de amor, descuido emocional o desprotección en la infancia?, ¿Quizás una herida de abuso físico o sexual en tu niñez?, etc.).
    • Recuerda que, todo comportamiento o disfraz sobre el que estas estancado hoy; sea la comida, las adicciones, la necesidad de aceptación y aprobación y más; solo son cortinas de humo que no te dejar visualizar el verdadero problema.
    • Por lo que, es importante que Inviertas tiempo, y si es necesario, dinero en tu salud emocional, al igual que lo hacemos con la salud física; el estrés, la ansiedad, el miedo, entre otras emociones negativas, pueden ser muy limitantes, y perjudiciales para nuestra salud. Hay quienes pueden pensar que, pagar para ir al psicólogo, un terapeuta o un Coach , es una pérdida de dinero; cuando en realidad es una inversión que haces en ti mismo/a, para tu bienestar integral y un mejor rendimiento en todas las facetas de tu vida. ¡Tú priorízate!
    • Por último, y no por menos importante, puedo sugerirte que, intentes crear una relación más cercana con Dios, cuéntale cómo te sientes, los episodios que han dañado tu vida, perdona a esas personas que te dañaron en su día, y libera tu corazón. No permitas que, el caparazón envuelva lo maravilloso de la vida. Vale la pena reconstruirte, sanar y soltar, para liberarte de todas las emociones negativas, que te limitan de alcanzar tus sueños, y lo que Dios tiene para ti. ¡TU Y YO, SOMOS UN TESORO PARA DIOS. ¡NUESTRO VALOR LO DETERMINA SOLO ÉL!

Karla Mayorga

Psicóloga y Coach de Liderazgo

Y Desarrollo Personal.

Mayorgakar76@gmail.com


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