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De la adicción hacia la libertad

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Mi nombre es Lorenzo, soy rumano, tengo 28 años y he sido drogodependiente durante 15 años de mi vida.

Todo empezó cuando tenía 10 años. Empecé con cigarrillos y algún que otro porro, pero mi consumo fue aumentando y llegué a probar casi de todo. Yo pensaba que lo que hacía era algo fantástico, pero ese fue el inicio de mi perdición, porque las cosas iban empeorando cada vez más. Cuando tenía 16 años mis padres se separaron y esto fue algo muy difícil para mí, reforzando todavía más el mundo de las drogas en el que estaba sumergido. 

Cayendo aún más bajo, comencé a probar por primera vez la heroína, entrando así a un mundo desconocido y diferente, ya que para poder obtener esa droga, hacía falta tener mucho dinero del cual yo no disponía. Comencé a buscarme la vida robando y haciendo muchas cosas deshonrosas, que me llevaron finalmente a la ruina, porque nadie de mi familia quería saber de mí. 

Luego de dos años intentando alejarme de todo esto, finalmente lo conseguí y llegué a tener un trabajo, piso, coche y novia. Me sentía estable hasta que volví a recaer; pero esta vez fue aún peor. Me sentía muy mal, tan mal que en una semana ¡lo había perdido todo! Me quedé sin piso, sin coche, sin trabajo y sin novia; prácticamente me había quedado nuevamente en la calle.

Un día, mi padrastro, que es cristiano, me animó a acudir a un centro de desintoxicación en donde ayudaban a personas con problemas de adicción (droga y alcohol) como el que yo tenía, pero sin medicación; únicamente a través del poder de Dios. Esto no fue algo que me convenciera porque un año antes maldije el día en que mi madre se había convertido a una secta, porque era así como yo veía a los cristianos, ya que yo antes era Ortodoxo.

A pesar de mis dudas, decidí acudir a este centro de rehabilitación, donde todo era nuevo para mí. Convivir en una casa llena de chicos, hacer comunidad con personas extrañas no me resultaba nada cómodo, pero me ayudaron mucho desde el principio. Lo que más me sorprendió es que, a pesar de que no me conocían de nada, me dieron comida, ropa, cama y me ayudaron en todo, cosa que otros no habían hecho por mí. Todo esto comenzó a despertar una curiosidad muy grande en mí, hacia eso que ellos llamaban «tener una relación con Dios», y no una religión. 

Poco a poco, empecé a leer la Biblia y a sumergirme en ese maravilloso libro que ahora va conmigo a todos lados. Fui conociendo la Palabra, viendo testimonios de otros que fueron como yo y cómo Dios cambió sus vidas, siendo el mejor ejemplo los pastores del centro, que un día fueron drogodependientes y decidieron cambiar sus vidas aceptando a Jesús como Rey y Salvador. Eso me animaba mucho. Cada día que pasaba tenía ganas de hacerlo, pero tenía una barrera delante de mí que siempre que iba a tomar la decisión, me paraba. 

Tiempo después conocí en el centro de rehabilitación a una chica que para mi fue la pieza clave para atravesar ese muro, ella me ayudó mucho y finalmente decidí aceptar a Cristo como mi Salvador y ser un hijo de Dios. Desde entonces todo empezó a cambiar en mi vida: mi mirada, mi forma de ser, mi carácter, mis pensamientos, y sobretodo, mi propia familia empezó a ver en mí al nuevo Lorenzo, al que no conocían pero les sorprendía y con el que querían pasar tiempo juntos.

Los años pasaron y esa maravillosa chica se convirtió en mi esposa, porque confiando en Dios todo es posible. Ahora mismo llevamos casi 2 años de casados y Él nos ha bendecido con una niña preciosa. Todo por su gracia y misericordia. 

Hoy en día estamos sirviendo, como matrimonio, en la Iglesia Betel, en Madrid, y estamos muy contentos por lo que Dios ha hecho en nuestras vidas y por lo que está haciendo en los demás. Hemos decidido ayudar a otras personas que están pasando por lo que yo he pasado y seguimos confiando en que el Señor seguirá transformando vidas. 

Así como Dios lo hizo conmigo, lo podrá hacer con cualquiera que esté dispuesto a cambiar y a rendirse a los pies del Todopoderoso.


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